domingo, 3 de junio de 2012

The Romanticos - My Time

Así nos explican desde Hostak de qué va nuestro disco.

My Time recoge 11 canciones, algunas de ellas versiones de Nico Wayne Toussaint (Walking down College Street), The Meters (Life Wire), Jimmy Rogers (That’s All Right) y Albert Collins (If you love me like you say). Pero aunque pueda sonar atrevido, el verdadero atractivo de este disco reside en las composiciones de Iker Piris, genuinas piezas de blues, gospel y r&b excelentemente interpretadas con la ayuda al piano de Paul San Martin (Stay Blues). Antes hemos mencionado I’m Worried, pero hay más temas destacables en este disco. Es el caso de la hermosa balada You make me feel so fine (en la que colabora Fredi Pelaez con el hammond); el rock&roll pleno de swing de If you are my friendBaby, I’m sorry podría pasar por un clásico del blues; y Mamma, come back home, pieza gospel de gran belleza y emoción. Cierra el disco J.J. Country, homenaje juguetón al gran J.J. Cale.

El gran Iker Piris, corazón impulsor de The Romanticos, nos da grandes temas, sonido viejo, pero del bueno, mucha guitarra y riff de los que queremos oir a una buena banda de blues.



  • Iker Piris, Guitarra Voz y Composición
  • Xabi Barrenetxea, bajo
  • Hilario Rodeiro, batería
  • Paul Sanmartín, piano
  • Fredi Peláez, Hammond
My Time (Hotsak, 2012)

Tienda online:


sábado, 2 de junio de 2012

Jeronimo Martin Sexteto- Quinoa

Reseña del sello Hotsak-Errabal del disco recien editado de Jeronimo Martin.
desde http://www.hotsak.com/noticias/quinoa

de Trío a Sexteto

01/06/2012
Segunda entrega del pianista bilbaino Jeronimo Martin en la que se manifiestan claramente -en formato sexteto- las virtudes que se anticipaban en su anterior grabación: elagancia, seguridad y equilibrio, discurso musical coherente, sentido de grupo y alto nivel compositivo. Música urbana contemporánea es lo que podemos escuchar en Quinoa
de la mano del sello Errabal Jazz


de Trío a Sexteto
Emana de esta obra una indudable vocación arquitectónica, un feliz sacrificio del caos y la exploración en favor de la concisión y la lógica narrativa de las diferentes piezas biográficas que le dan cuerpo. Jerónimo es el líquido que engrasa el motor emocional de esta música viva, romántica y reflexiva, de amaneceres urbanos y crepúsculos, de neblinas y chubascos. Su poesía es elevada y nos eleva, pero jamás resulta pretenciosa.

Los arreglos priorizan el color general sobre los detalles, pero también deparan pequeños dibujos llenos de brío, como los que improvisan Gonzalo Fernández de Larrinoa, Rubén Salvador o Julen Izarra, con un tono que rebosa esperanza. Sus voces se someten y desordenan en armonía, como en los vinilos del Mingus más vulnerable, o el Charlie Haden de las grandes formaciones, con el sólido impulso rítmico de Hilario Rodeiro y Javier Mayor, que insuflan aliento y carácter.

Jerónimo Martín no reclama protagonismo para sí, su piano simplemente delimita el esbozo fundamental, como una voz en off que describe el escenario a grandes rasgos o declama los pasajes más íntimos en primera persona.

A medida que avanza el disco, las certezas se acaban imponiendo sobre las dudas hasta completar un conjunto paisajístico y coherente, que bebe del folklore (Tívoli), se inspira en una estética clásica y tal vez ni siquiera sea jazz, al menos como lo concebiría un afroamericano. El meollo de esta música no es su propio swing, ni la libre interacción. Su fin último no es sino acompañar al oyente a través de una historia expresada con un estilo casi sinfónico, que evita la afectación imponiendo conscientemente el sentido sobre el sentimiento, pero sin renunciar a las emociones que le son propias: la esperanza (Claridad), la autocompasión (5 de Mayo), el temperamento desatado (Obertura) o la felicidad de saberse simplemente vivo (Tutto per amore).

Quinoa transciende porque impregna. Como los olores de la ciudad que evoca Antonio L,ue evocas de la ciudad semáforoaproximada de ópez, la ciudad que late en cada semáforo y en algunas despedidas en Cinemascope.